EL MAESTRO MIGUEL DUARTE FIGUEROA

Miguel Duarte Figueroa

Recientemente, y en la capital de la república, falleció el maestro Miguel Duarte Figueroa en el más completo olvido y en la más absoluta indiferencia por parte del mundo artístico y musical del país. Y es explicable ese olvido lamentable si se tiene en cuenta que el maestro Duarte Figueroa no era experto en vallenatología, ni consumado salsómano o adiestrado roquero. Tampoco formó parte de los pulpos disqueros o del comité de aplausos de las payasadas de Carlos Vives.

El maestro Duarte Figueroa era, simplemente, un director de bandas sinfónicas, un compositor de música clásica y vernácula y un discreto pedagogo que formó orfeones, dirigió orquestas, creó escuelas musicales e impartió conocimientos del pentagrama a diestra y siniestra en los barrios populosos de Bogotá, con devoción y pasión, esa fue su tarea en su vida sexagenaria.

Este músico y musicólogo era natural de Pamplona, la hidalga urbe Norte santandereana donde crece silvestre el talento musical. Sus primeros estudios los realizó en la Escuela de Música de su ciudad natal y luego los perfeccionó en el Conservatorio de la Universidad Nacional. Fue discípulo dilecto y predilecto del maestro José Rozo Contreras y bajo su experta y admirable batuta se graduó como Director de Bandas Sinfónicas.

Ahora recordamos con nostalgia el concierto dominical en el Parque Nacional, cumpliendo su examen de grado y dirigiendo la Banda Nacional bajo la estricta vigilancia del maestro Rozo. Aquella prueba de fuego la cumplió con éxito, y con gran ovación del público. Sucedió a su maestro en varias opciones de dirección de la Banda Nacional y durante algún tiempo demostró su profesionalismo como director de la Banda Sinfónica de la Policía.

Sus últimos años los consagró de lleno a la docencia musical, a la composición, al ejercicio instrumental, a los conciertos y a impartir popularmente ese fervor y praxis por nuestra verdadera y auténtica música, que los críticos de toda pelambre llaman despectivamente bambuquera. Con la muerte del maestro Duarte Figueroa se marcha un poco de esa música, que es entraña del pueblo colombiano.

Autor ARMANDO GOMEZ LATORRE

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